Yeito es una palabra que usa mi padre para adjetivar aquellas palabras que tienen alma, vida, lugar y que son capaces de transportarnos al centro exacto del artista. Somos uruguayos. En nuestra tierra esa palabra es como el «tener duende» en España.

Vamos a encontrarle el duende a nuestra melodía, a nuestras palabras. Vamos a encontrarle el sitio donde pueda bailar SU RITMO y no el ritmo impuesto.

Mi superlativa letra en SU RITMO hace caso a lo que precisamente quiero explicar. Todos tenemos voz, ritmo y melodía. Todos. Lo que suele pasar es que no afinamos como  los demás y entonces nos sentimos mal por no ser capaces de cantar como el otro.

Ahora te hago unas preguntas: ¿Sabes respirar?, ¿sabes conducir?, ¿sabes hacer tortillas de patatas? (válido sólo para España). Posiblemente me respondas que sí, que sí sabes conducir y que también sabes cocinar, pero, si te digo que no sabes conducir porque conducir sabe hacerlo Fernando Alonso o cocinar sabe más Ferran Adriá*, tú me dirás: «¡Claro!, ¡No tiene nada que ver, ellos son profesionales!».

Lo dicho. Todos tenemos un yeito, una huella, y cuando me comparo, me debilito. Ha llegado el momento de desaprender lo que la escuela nos enseñó y poder estar en un espacio en el que la normalidad no sirve y lo que se valora es lo auténtico y lo original. Vamos a buscar nuestra esencia sonora, el cómo canto YO las melodías.

Enciende la grabadora. Cierra los ojos y vuelve a tararear, pero ahora vamos a llevar el tarareo a otro nivel y vamos a incluir más consonantes (Bla, ble, bli, muc, mec, flap, klis, klan, etc.). Es importante que te explores y no te permitas estar todo el rato en la misma secuencia de fonemas. Trata de cambiar constantemente y muy importante: ¡¡VOCALIZA!!

A tener en cuenta:

* He tenido varias peleas con personas que me han llegado a decir que cocinan tortillas y croquetas mejor que el mismísimo Ferran Adríá 😉

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