Sí. Cantarle a nuestro ruido. Cantarle a ese ruido que está con nosotros todo el día. Esa radio interna que no hay manera de apagar se parece a la consciencia, lo que pasa es que ésta (la radio) es sólo nuestra lucidez haciendo el viaje de ida pero no el de vuelta. Lo que buscamos es eso, que también vuelva. Cuando el ruido hace el viaje de regreso se transforma en posibilitador.

Lo que vamos a hacer es simplemente dejar de pelearnos con ese ruido, con esa interferencia, y cantarlo.

Eso sí. Hay una cosa, llegados a este nivel, que no podemos olvidar. La improvisación necesita VERDAD. No podemos mentir y esperar que salga de nosotros una Canción Improvisada almática. Si cantamos desde la superficie y la apariencia, la canción morirá en el trayecto de ida hacia uno mismo; si nos atrevemos a darnos un poco más, la canción viajará un poco más y, si somos capaces de derramarnos por completo, la canción será eterna.

Vamos a cantarle a nuestro ruido:

Enciende tu grabadora, cierra los ojos, respira profundamente y comienza a tararear. Sigue tarareando hasta que, lentamente, vayan apareciendo en tu cabeza frases que muestren lo que estás sintiendo. ¡No trates de hacer frases para los demás! No trates de quedar bien contigo mismo. Suelta palabras, sólo suelta palabras y no permitas que el juez haga de las suyas. ¡DIVIÉRTETE!

Simplemente comienza a SOLTAR PALABRAS.

A tener en cuenta:

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