CANTO IMPROVISADO 

El Canto Improvisado es usado en la formación como el medio a través del cual encontrarnos con nuestra esencia creativa.

 

¿Por qué? Porque en la improvisación somos capaces de dejar de pensar y de medir lo que va a suceder así como posibilitar el encuentro y la expresión de aquello que somos cuando conectamos con nuestra esencia. 

 

Al estar viviendo el presente y simplemente poder avanzar y resolver, todos los mecanismos de defensa que hemos aprendido se desvanecen y tan sólo puede encontrarse la persona frente a la situación. Ya no podemos medir ni planear ni justificar ni posponernos; hay que crear y resolver. Es en esos momentos de vértigo cuando nuestra esencia siente que dispone del espacio idóneo para salir.

Otra característica importante es el súbito contacto con la belleza del presente que asoma en la canción improvisada. Más allá de la función pedagógica existe la orbe emocional del contacto con la belleza pura del arte, con un estado de conexión puramente íntimo y trascendental. 

¿Es necesario saber cantar?

 

Quizás al hacerse esta pregunta pueda darse cuenta de la mella que la educación ha hecho en usted. Ese resorte en forma de pregunta nos avisa del paso de la educación por nuestra vida. Siempre nos educaron desde la carencia, desde el aún no sé, no estoy preparado y va a salir mal. Precisamente por eso el Canto Improvisado es una herramienta tan poderosa y educativa. Y no, no es necesario tener una voz nítida y preciosa. 

"Decir que sólo los que tienen buena voz pueden cantar

es como decir que sólo los guapos pueden amar"

¿Por qué es una herramienta tan poderosa? 

(¿Quién soy yo?)

Lo mágico de la improvisación es que nos sitúa frente a lo que esencialmente somos. Este tema de la identidad puede ser un poco extenso de explicar, pero nosotros pensamos que ese YO que nos creemos ser es sólo uno de los tantos yoes cambiantes que tenemos. El yo varía y muta con el tiempo. No es el mismo yo el que comienza una conversación que el que la acaba. Si me abrazan "expreso un Yo", sin me gritan "expreso otro Yo". Por tanto, no hay un yo delimitado. Sólo hay elecciones de personajes que habitan ese momento al que llamamos "identidad".

 

Habitualmente estamos viviendo en un yo racional que ve la vida desde prejuicios, ideas, justificaciones, excusas, planificaciones, etc. Este yo, muy útil para ciertas tareas, no lo es para otras. En la improvisación ese yo racional se desvanece y se posibilita la expresión de otro yo más conectado con nuestra espontaneidad. Al cantar improvisadamente sale ese yo que tenemos callado y sometido por miedo al qué pensarán o dirán de mí.  Es ahí donde no hay recuerdos de lo que somos y donde podemos explorarnos desde un nuevo personaje; un personaje que juega, falla, se tropieza, confía, fluye, baila, acepta, integra, ama...

Existen muchos fantasmas alrededor del canto, muchas exigencias. Nos dicen que "no sabemos cantar" o "no tenemos voz", pero es mentira, o mejor dicho, es una creencia que nos han inculcado. Todos tenemos voz. El problema está en que nos enseñaron que hay que hacer las cosas bien para hacerlas, es decir, que hay que tener buena voz para cantar.  

Un porcentaje muy pequeño de los alumnos son cantantes o "tienen buena voz". Lo que aquí aprendemos es que cualquier voz es bella si su mensaje es sincero. Tendrían que ver cómo se queda la sala de concierto o el grupo cuando la persona que canta (una persona que jamás cantó en su vida) lo hace; voces venidas del corazón y la vulnerabilidad viajan directamente al corazón del que escucha. 

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