Quizá, llegado a este punto, usted estará diciendo: «¿Pero el canto improvisado no es soltar lo primero que te venga a la cabeza?» ¡Para nada, amigo lector! El canto improvisado precisa, sin duda, de nuestra valentía para saltar, pero, una vez que estamos volando, el juego se pone mucho más atrevido y divertido. Aprenderemos a hacer cabriolas y loops, vuelos rasantes y caídas en picado.

El Canto Improvisado nos ayuda a desarrollar nuestra Aladuría Creativa a través del contacto con el presente y la emoción. A diferencia del teatro improvisado, en este caso se suma el hecho de estar en contacto con un instrumento que media en la velocidad del tiempo. Es decir, aquí no hay tiempo para pensar. Hay que resolver y la única salida que tenemos es simplemente arrojándonos al vacío.

Antes de seguir, veamos cuáles eran las características de la Aladuría Creativa.

La Creatividad Aladúrica:

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